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La nutrición en las enfermedades asociadas al neuroenvejecimiento

El aumento de la esperanza de vida, indica que la incidencia de enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad aumentará paulatinamente. Un factor crítico que desempeña un papel crucial en el envejecimiento del cerebro, es la excepcionalmente alta demanda de energía de las neuronas para realizar los procesos neuronales y mantener la capacidad cognitiva. El cerebro representa el 2% de la masa corporal de un individuo y consume el 20% del oxígeno. Este alto consumo de oxígeno para la generación de energía, puede reflejar una mayor vulnerabilidad del cerebro al ataque de radicales libres y a la posterior inflamación. El buen funcionamiento del sistema inmunológico en el cerebro es crucial para mantener su homeostasis. La desregulación del sistema inmune, con una producción incontrolada de radicales libres y citoquinas proinflamatorias, aceleran el envejecimiento cerebral, y determinan la aparición de patologías como el Parkinson, la esclerosis o las demencias.Demencia, es un término general para enfermedades y afecciones caracterizadas por una disminución de la memoria u otras habilidades cognitivas que, finalmente, afectan a la capacidad de la persona para realizar actividades cotidianas, y que es causada por un daño en las neuronas, que dejan de funcionar normalmente y acaban por morir. La enfermedad de Alzheimer, es el tipo más común de demencia, y representa el 60-80% de los casos de demencia. Se asocia con una pérdida inicial de memoria, seguida por el deterioro en otras funciones cognitivas, tales como el lenguaje, las habilidades visuoespaciales y la función ejecutiva, junto con los cambios de comportamiento. Finalmente, los pacientes acaban postrados, incontinentes e incapaces de comunicarse.

Los tratamientos farmacológicos más utilizados en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, son los inhibidores de la colinesterasa (donepezilo, rivastigmina y galantamina), que previenen la descomposición de la acetilcolina, un compuesto químico (neurotransmisor) del cerebro que es importante para la memoria y el proceso cognitivo. Estos medicamentos pueden ayudar a retrasar los síntomas o impedir que empeoren por un tiempo limitado, y son recetados para el tratamiento de los síntomas de grado leve a moderado de la enfermedad de Alzheimer. A medida que la enfermedad progresa, el cerebro produce menos y menos acetilcolina, y por lo tanto, con el tiempo, los inhibidores de la colinesterasa van perdiendo su efecto. Otro medicamento es la memantina, un antagonista del N-metil D-aspartato (NMDA), es recetado para el tratamiento de los síntomas de grado moderado a severo de la enfermedad de Alzheimer. Funciona regulando el glutamato, un importante compuesto químico en el cerebro, que cuando es producido en cantidades excesivas es citotóxico y puede conducir a la muerte de las neuronas. En estadíos avanzados de la enfermedad los dos tipos de medicamentos son recetados en combinación, debido a que los antagonistas del NMDA funcionan de manera distinta a la de los inhibidores de colinesterasa, pero también a causa de la baja eficacia de ambos tipos de fármacos.

Como se puede ver, los tratamientos farmacológicos empleados son de baja eficacia, básicamente son sintomáticos, y no abordan de forma directa la causa que está provocando el deterioro neurológico, y que está conduciendo a la muerte neuronal. Se trata de un proceso inflamatorio, originado por una desregulación del procesamiento de ciertas proteínas, y que provoca una alteración de la homeostasis celular y una respuesta inflamatoria que acaba provocando la apoptosis neuronal.

La nutrición es un factor ambiental, que parece estar fuertemente relacionado con la enfermedad de Alzheimer. La nutrición puede modular las interacciones entre los genes, el envejecimiento y la susceptibilidad a la enfermedad, a través de mecanismos epigenéticos.

Los ácidos grasos Omega-3 proporcionaron la primera demostración experimental coherente del efecto de los nutrientes en la dieta sobre la estructura y función del cerebro. Se demostró que la diferenciación y el funcionamiento de las células cerebrales, requiere ácidos grasos omega-3, y que su deficiencia altera el curso del desarrollo cerebral, perturba la composición y las propiedades  fisicoquímicas de las membranas celulares cerebrales (neuronas, oligodendrocitos y astrocitos), y de otras estructuras como la mielina, las terminaciones nerviosas o las mitocondrias, lo que conduce a perturbaciones bioquímicas y fisiológicas, y produce trastornos neurosensoriales y conductuales. En consecuencia, la presencia de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 en la dieta, condiciona las capacidades visuales, cerebrales e intelectuales. Por otra parte, la deficiencia de omega-3 en la dieta, puede impedir la renovación satisfactoria de las membranas y acelerar así el envejecimiento cerebral. Los ácidos grasos omega-3 dietéticos están implicados en la prevención de la enfermedad cardiovascular (incluso en la vascularización cerebral), y en algunos desórdenes  neuropsiquiátricos, particularmente en la depresión y la demencia, especialmente en la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular.

El DHA (ácido docosahexaenoico) es uno de los macronutrientes principales para la síntesis de los fosfolípidos que constituyen las estructuras de las membranas celulares del cerebro. Es el único ácido graso omega-3 que tiene una presencia significativa en el cerebro, y es totalmente necesario para la función neuronal. La principal fuente de DHA en la alimentación es el pescado, y aunque los humanos tenemos una cierta capacidad para sintetizarlo a partir de otros ácidos grasos omega-3 de cadena más corta, se trata de un proceso de poca eficiencia. Durante la última década, la investigación sobre el DHA se ha centrado de su papel en el mantenimiento de la salud y la función del cerebro, particularmente durante el envejecimiento y las enfermedades, estudiando si la suplementación de la dieta con DHA puede reducir el riesgo de desarrollo o progresión de estas enfermedades. En general, los estudios apoyan la idea de que la suplementación a largo plazo con DHA, puede beneficiar a los adultos mayores con problemas de memoria y deterioro cognitivo leve, así como a pacientes con enfermedad de Alzheimer leve o moderada. Actualmente, tras el descubrimiento de que el DHA puede generar mediadores de lípidos bioactivos, como resolvinas, protectinas, etc., los estudios se centran en demostrar que estos lípidos desempeñan un papel en el control de las respuestas inflamatorias crónicas y el deterioro cognitivo en el cerebro con demencia.

Una extensa investigación ha demostrado que la uridina administrada con otros nutrientes (DHA y colina) mejora la formación y la función de las estructuras sinápticas, lo que la convierte en un buen apoyo nutricional para los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Estos enfermos tienen menores niveles de uridina plasmática que los pacientes sanos. La uridina atraviesa la barrera hematoencefálica, entra en las células cerebrales y se fosforila a uridina monofosfato, que juega un papel importante en la síntesis de fosfolípidos.

La colina entra al cerebro mediante una proteína de transporte en las células endoteliales que recubren los capilares del cerebro. La tasa de entrada de colina depende del gradiente entre sus concentraciones en el líquido extracelular del cerebro y en la sangre. En los adultos, se recomienda una ingesta diaria de 500 mg de c olina. Junto con otros nutrientes, el DHA, la uridina y la colina, incrementan la síntesis de fosfolípidos en el cerebro, que son necesarios para la formación de la membrana de las dendritas y especialmente de las terminaciones sinápticas.

Las sirtuinas son un grupo de de ac etilasas NAD+ dependientes muy conservadas, que promueven la longevidad en muchos organismos. Sirtuina 1 (SIRT1) es conocida por desacetilar histonas y proteínas no histonas, regulando el metabolismo, la resistencia al estrés, la supervivencia celular, la senescencia celular, el envejecimiento, la función inmunológica inflamatoria, las funciones endoteliales y los ritmos circadianos.

Los polifenoles dietéticos naturales, como el resveratrol, han demostrado activar SIRT1 en muchos estudios. Dado que la activación de SIRT1 es beneficiosa en diversas funciones celulares en respuesta a estímulos ambientales y proinflamatorios, la regulación de la actividad de SIRT1 por el resveratrol, es una estrategia prometedora contra la inflamación crónica, que desempeña un papel etiológico en muchas enfermedades relacionadas con la edad.

Los aminoácidos que componen las proteínas de la dieta, tienen una importante contribución a la función cerebral. Ciertos aminoácidos son indispensables para la elaboración de algunos neurotransmisores, y entre ellos, el triptófano es el que desempeña un papel más importante.

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