Teoría cuántica sobre el papel irreemplazable del ácido docosahexaenoico en la señalización celular neural a lo largo de la evolución.

Teoría cuántica sobre el papel irreemplazable del ácido docosahexaenoico en la señalización celular neural a lo largo de la evolución.

Crawford MA, Broadhurst CL, Guest M, Nagar A, Wang Y, Ghebremeskel K, Schmidt WF.

Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids. 2013 Jan;88(1):5-13.

Resumen:

Hace seis cientos millones de años, la grabación fósil nos muestra la súbita aparición del detalle intracelular y los phyla 32. La “Explosión Cámbrica” marca el inicio de la vida aeróbica dominante. Las estructuras intracelulares fósiles son tan similares a los organismos existentes, que probablemente estaban hechos con proteínas y lípidos de membrana similares, los cuales en conjunto son determinantes para su organización y especialización. Mientras que los aminoácidos pudieron ser sintetizados hace unos cuatro mil millones de años, sólo el metabolismo oxidativo permite la síntesis de ácidos grasos altamente insaturados, produciendo así nuevas especies moleculares de lípidos para las membranas celulares especializadas. El ácido docosahexaenoico (DHA) proporcionó el núcleo para el desarrollo del fotorreceptor, y la conversión de los fotones en electricidad estimuló la evolución del sistema nervioso y el cerebro. Desde entonces, el DHA ha sido conservado como el principal componente acílico de las membranas sinápticas y de la señalización neuronal de los fotorreceptores en los cefalópodos, peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos y humanos. Esta conservación extrema en las membranas con señalización eléctrica, a pesar del gran cambio genómico, sugiere que fue el DHA el que dirigió al ADN más que la vía contraria generalmente aceptada. En este articulo ofrecemos una explicación teórica para tal conservación extrema, basada en la mecánica cuántica de las propiedades del DHA. La estructura molecular única del DHA permite la comunicación y transferencia cuántica de electrones π, lo que explica la precisa despolarización de las membranas de la retina y la cohesiva y organizada señalización neural que caracteriza a la inteligencia superior.

Comentario del traductor:

Que la posición que ocupa el DHA en el cerebro y sistema nervioso (SN) es “irreemplazable”, lo demuestra que cuando en situaciones de privación extrema de DHA se reduce ligeramente su nivel en el tejido neural, su lugar no lo ocupa ni EPA ni otro omega 3, y por el contrario, es sustituido por el omega 6 DPA. Esto nos induce varias reflexiones:

1. Que al no tener EPA una presencia significativa en el SN, se hace difícil pensar que este omega 3 pueda tener importancia en la fisiopatología de las enfermedades que lo afecten, ni tampoco en su tratamiento.

2. Por el contrario, al estar el DHA tan ligado y conservado en los tejidos neurales, si podemos pensar en su implicación fisiopatológica en esas enfermedades, y por tanto en emplearlo como tratamiento.

La gran disparidad de resultados que se encuentran en los estudios clínicos realizados con EPA y DHA en trastornos que afectan al SN, están motivados en su mayor parte por el empleo de tratamientos heterogéneos en los que no se han cuidado ni la composición, ni la proporción, ni la concentración de ambos omega 3. Además, muchos de esos estudios se han realizado con muestras demasiado reducidas, sin tener en cuenta un estudio nutricional de los participantes, y otras deficiencias de diseño que hacen poco fiables los resultados obtenidos. La posterior realización de metanalisis con estos estudios tan poco fiables, no generan tampoco suficiente confianza en los resultados clínicos obtenidos.

Por el contrario, los estudios bioquímicos y genéticos realizados “in vitro” y con animales de laboratorio modelos de diferentes patologías, están arrojando luz sobre las funciones moleculares de los omega 3 de cadena larga EPA y DHA, así como sobre los mecanismos a través de los cuales ejercen la modulación de la inflamación y la inmunidad, del neurodesarrollo y el neuroenvejecimiento, e incluso en el cáncer. Estos mecanismos están relacionados con los eicosanoides y docosanoides derivados enzimáticos de EPA y DHA respectivamente, que ejercen su función en cantidades del rango de nano y micro gramos, actuando sobre los factores nucleares que activan o no diferentes genes y vías de expresión genética.

Según estos estudios no caben dudas, si hemos de suplementar nuestra nutrición con un omega 3, hagámoslo con un DHA lo más concentrado posible, con la mayor proporción posible de DHA respecto de EPA, y cuya composición sea de trigliceridos de DHA. Y además, comprobemos que la cantidad de DHA que nos aporta sea elevada, al menos de un gramo diario. Todas estas exigencias las cumple un DHA que ha sido purificado mediante el más moderno método de separación molecular (concentración supercrítica con CO2) y aporta un gramo de DHA en cada cápsula.

Javier Terán.

Doctor en Bioquímica y Biología Molecular.

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